Escrito por Pablo Gómez
Founder & CEO de Metlabs · Revisado el 11 de octubre de 2026
El riesgo de contraparte existe siempre que hay un intervalo entre el acuerdo y la liquidación final: cuanto más largo el ciclo, mayor la exposición. En la liquidación de valores se manifiesta durante la ventana de liquidación; en divisas se conoce como riesgo Herstatt, por el banco alemán que en 1974 recibió pagos pero cerró antes de entregar la pata contraria. Las finanzas tradicionales lo mitigan con cámaras de contrapartida central (CCP), que se interponen entre comprador y vendedor con márgenes y fondos de garantía, y con el principio de entrega contra pago (DvP), por el que entrega y pago se condicionan mutuamente.
Es el riesgo que justifica buena parte de la infraestructura y el coste del mercado. La tesis central de la tokenización es que representar activo y dinero en un mismo libro mayor permite la liquidación atómica: el intercambio simultáneo e irreversible de ambas patas en una sola transacción, todo o nada, que al eliminar la brecha temporal neutraliza el riesgo de liquidación. Se implementa con técnicas como los HTLC (contratos con bloqueo temporal por hash) o smart contracts que condicionan ambas patas. Es también la cara de riesgo del préstamo sin colateral, donde sin liquidación automática el crédito es esencialmente exposición a la contraparte.
Los ciclos de liquidación se están acortando para reducir esta ventana: Estados Unidos pasó a T+1 en mayo de 2024 y ESMA ha propuesto el salto de T+2 a T+1 en la Unión Europea, previsto para el 11 de octubre de 2027. En paralelo avanzan los pilotos de liquidación atómica institucional sobre activos tokenizados, como el de DTCC con valores del Tesoro de EE. UU. en Canton Network, que muestran cómo el DvP atómico on-chain busca neutralizar este riesgo.
También conocido como
- Counterparty risk





