Escrito por Pablo Gómez
Founder & CEO de Metlabs · Revisado el 11 de octubre de 2026
La distinción clave del yield farming separa el rendimiento orgánico, que viene de comisiones de trading o intereses pagados por prestatarios, del rendimiento incentivado, que viene de la emisión programada y temporal de tokens de recompensa. El usuario aporta activos a un pool, recibe un token de posición (LP token en un AMM, aToken en Aave o cToken en Compound) y a menudo lo stakea en un contrato de recompensas que distribuye el token de incentivo según el peso de su aportación. Es frecuente encadenar varios protocolos, reinvirtiendo el token de posición en una nueva estrategia para acumular rendimientos.
El término se popularizó en DeFi Summer, el verano de 2020, detonado por el lanzamiento del token COMP de Compound y su programa de liquidity mining, que repartía el token de gobernanza entre quienes prestaban y tomaban prestado. Una segunda generación llegó con el modelo de gauges y voto de Curve Finance (veCRV), que dirige las recompensas hacia los pools elegidos por los votantes, y su optimización a través de Convex, junto a los programas puntuales de incentivos de protocolos como Uniswap.
Es el mecanismo con el que los protocolos arrancan su liquidez, pagando en tokens para atraer capital antes de tener volumen orgánico. Sus riesgos requieren una lectura técnica neutral: pérdida impermanente cuando hay provisión en un AMM, riesgo de smart contract, liquidez mercenaria que se retira al cesar los incentivos y dilución del token de recompensa por su propia emisión. La buena práctica distingue siempre el rendimiento real del meramente subvencionado, y dimensiona si la rentabilidad mostrada es sostenible una vez agotados los incentivos.
Fuentes
También conocido como
- Yield farming
- Cultivo de rendimiento





