Escrito por Pablo Gómez
Founder & CEO de Metlabs · Revisado el 11 de octubre de 2026
La criptografía de clave pública se apoya en funciones de un solo sentido con trampa: problemas fáciles de calcular en una dirección e inviables de revertir, como la factorización de enteros (RSA), el logaritmo discreto (DSA, Diffie-Hellman) o el logaritmo discreto sobre curva elíptica (ECC, ECDSA). Tiene dos usos principales, el cifrado asimétrico y la firma digital. En blockchain domina el segundo: la clave privada autoriza el gasto y la clave pública, o un hash de ella, genera la dirección.
Permite autenticar al titular de unos fondos sin un intermediario de confianza y sin revelar el secreto, sustituyendo la confianza institucional por prueba matemática. También resuelve el problema histórico de la distribución de claves que arrastraba la criptografía simétrica. Es el pilar conceptual sobre el que se construyen las firmas que validan cada transacción y la base que hace posible la custodia propia de activos tokenizados.
El concepto público nace con Whitfield Diffie y Martin Hellman en New Directions in Cryptography (1976), seguido de RSA por Rivest, Shamir y Adleman en 1977. El estándar de firma vigente en Estados Unidos es FIPS 186-5, emitido el 3 de febrero de 2023. En la práctica, Bitcoin (2009) y Ethereum firman con ECDSA sobre la curva secp256k1, mientras TLS y HTTPS combinan RSA y ECC.
También conocido como
- asymmetric cryptography
- criptografía asimétrica





