Escrito por Pablo Gómez
Founder & CEO de Metlabs · Revisado el 11 de octubre de 2026
Los activos ilíquidos son el problema central que la tokenización busca aliviar. Entran aquí los inmuebles, el arte y los coleccionables, las participaciones en fondos de private equity o capital riesgo, las infraestructuras, las materias primas físicas y la propiedad intelectual. Su rasgo común es que carecen de un mercado secundario que les dé liquidez inmediata, lo que ata el capital y eleva el coste de salir de la posición.
La tokenización actúa sobre esa fricción por varias vías. El activo se coloca normalmente bajo un vehículo de propósito especial (SPV) o trust, y las participaciones de ese vehículo se tokenizan, lo que permite propiedad fraccionada con tickets de entrada bajos. Los tokens pueden negociarse en mercados digitales, aportando liquidez a un activo tradicionalmente ilíquido, mientras los smart contracts automatizan distribuciones como rentas o dividendos y un custodio mantiene el activo y emite atestaciones de existencia y correcta tenencia.
El fraccionamiento democratiza el acceso a activos antes reservados a grandes patrimonios y permite diversificar entre clases de activos. Es el caso de uso que sostiene la tokenización de RWA. Hay ejemplos reales con nombres propios: RealT, que tokeniza vivienda en alquiler en EE. UU. mediante una LLC por inmueble; gestoras como KKR y Hamilton Lane, que han ofrecido participaciones tokenizadas de sus fondos; el histórico St. Regis Aspen Resort; o Maecenas en tokenización de arte, donde la liquidez del secundario sigue siendo limitada y la valoración depende de tasación especializada.
También conocido como
- Illiquid asset
- Activos no líquidos





